El cigarrillo lo mató
la ciudad.
Cierra con llave la puerta del apartamento y enciende su tercer
cigarrillo de la mañana, camina con calma y estilo, a sus sesenta y tres años aun es un galán, o al menos eso piensa,
vestidos impecablemente un saco azul grisáceo, camisa blanca inmaculada y un
pantalón gris oscuro perfectamente planchado y ni hablar del lustre de su
calzado. Erasmo se siente un maniquí en vitrina.
Se detiene en la tienda de la esquina
y compra un paquete de su clásica Marlboro rojo, solo le quedan tres en su
cajetilla anterior y esos se los fumara antes de las diez de la mañana, cortes
mente se despide de la cajera y continua su marcha al café.
Al llegar al café, se da cuenta
que es el primero, de los que habitualmente se sientan con él en llegar al
local, buenos días don Erasmo, lo saluda la camarera, muy buenos días Carmelita
como ha estado todo por acá, muy bien, pero un poco lente la mañana, vea que
usted le ha ganado hoy a todos sus amigos, a lo que el sonriente le contesta,
ya veo, ya veo Carmelita, será que se están poniendo viejos y suelta su
carcajada habitual.
Lo mismo de siempre don Erasmo?,
pregunta diligente la camarera. Si, solo que ya compre cigarrillos, tráeme lo demás.
Erasmo se sienta en la mesa de siempre viendo para la calle para así poder
saludar a los conocidos desde su palco privado, con él lo llama.
Antes de llegar las tostadas con
mantequilla, el café negro sin azúcar y el periódico ya había encendido otro cigarrillo.
Cuando oye que le dicen, ¡fumando antes de comer! Sin voltearse contesta, Gladys
como de costumbre sermoneándome, está bien que sea tu negocio, pero deja que
los clientes disfruten, ambos rieron.
Erasmo te conozco hace más de
treinta años y cada día fumas más, cuantos van dos o tres, CUATRO!! Contesto el
en voz alta y ronca levantando cuatro dedos… Eso es mucho para un hombre que a
lo sumo tendrá una hora y media de haberse despertado, ¿para que gastas plata
en tanta colonia fina si lo que se siente es el olor a nicotina?
En eso llega otros dos de los
habituales compañeros, Ramón y Luis Felipe, epa! que elegancia compadre,
pareces figurín de revista de moda dice Ramón, buenos días amigos saluda Luis
Felipe. Gladys les da la bienvenida y les dice a los compinches de Erasmo, ojo,
hablen con el ya lleva cuatro cigarrillos y se retiró a atender una cuenta en
la caja.
Que vaina Gladys, desde que se le
murió el marido de cáncer no deja de joder con los cigarrillos, comento Erasmo.
Joda o no joda, ella tiene razón,
fumas demasiado Erasmo, dijo enfáticamente Ramón, ya no eres el pibe que llego
de Argentina hace más de cuarenta años, el cigarrillo te va a matar…
¡De algo te tenés que morir Che!
Dijo Erasmo con su acento argentino ya casi olvidado por tantos años de vivir
en Panamá.
No había terminado de tomarse la
tasa de café y ya había encendido otro cigarrillo diciendo, No me miren mal, no
me miren mal, y soltando su habitual carcajada exhalando humo por la boca y
nariz.
¿Qué vas hacer hoy? Pregunto Luis
Felipe para cambiar el tema, Yo tengo que ir con un cliente a ver un local que
quiere comprar, dijo despreocupadamente Erasmo, añadiendo, y como siempre Ramón va a rascarse las bolas todo el día,
dijo burlonamente, y dejó escapar otra
de sus carcajadas que se oían en todo el local.
Ya el cielo se comenzaba a
oscurecer, ya había acabado con su café y tostadas, leído y comentado el
periódico, ya era hora de ir al laburo como decía Erasmo, solo hizo ir a pagar
en caja y a despedirse y se dejó caer un tremendo aguacero.
Erasmo se quedó parado viendo
como caía el inoportuno aguacero, mientras encendía otro cigarrillo, la lluvia
no paraba, su ansiedad era visible, se acabó un cigarrillo y enseguida encendió
otro.
Nuevamente Gladys se le acerco, ¿qué
pasa Erasmo?, el visiblemente molesto le contesto, tengo una cita importante de
negocios y no para de llover, y mi carro esta frente a mi apartamento. En eso Ramón
se preparaba para salir y le dice, ¡oye maniquí! No te preocupes yo te llevo,
mi carro está aquí a la vuelta, espérame mientras voy con el paraguas por el
carro. A lo que Erasmo acepto de muy buenas ganas, Dale che! Mové, mové y
gracias hermanito!.
Una vez Ramón fue a buscar el vehículo,
Gladys nuevamente le hablo, Erasmo, cógelo con calma tienes una hora y algo de
estar aquí y por lo menos te has fumado cuatro o cinco cigarrillos, Erasmo un
poco molesto por la insistencia le dijo, mira si el cigarrillo me mata o no es
mi problema y es mi gusto y mi vida, contesto tajante.
En eso apareció dando la vuelta a
la esquina el carro de Ramón tocando la bocina.
Te veo Gladys!! Dijo cortante Erasmo
y corrió hacia en carro, pero en lo que corrió hacia el auto, se le cayó la
cajetilla de cigarrillos a la acera.
Erasmo al intentar detenerse a
buscar los cigarrillos y giro rápidamente sobre la marcha y resbalo en el piso
mojado por la lluvia y cayó estrepitosamente golpeándose la cabeza con una
maceta de concreto que adornaba la entrada del café… todo el mundo corrió a ver
que sucedía.
Todo gritaba, todos corrían,
hasta que uno de los presentes se acercó a ayudarlo dándose cuenta que Erasmo
ya no tenía signos vitales, mirando a los demás solo dijo, este hombre está
muerto…
Erasmo nunca se dio cuenta de lo
que paso, todo fue muy rápido, murió instantáneamente al impactar su sien con
la esquina de la maceta. El paquete de cigarrillos y el encendedor, mojados en
el piso de la calle, el impecable saco y
la inmaculada camisas ahora estaban empapados
y manchados de sangre, la que entintaba de rojo el agua que corría por
la acera hacia el caño de la calle.
Gladys quedo impactada al ver en
primera línea la muerte de su amigo, con quien acababa de hablar. No decía
nada, Carmelita y Luis Felipe la sentaron y le dieron algo de beber y la
hicieron reaccionar.
Después de haber superado la impresión
y recobrado la lucidez se voltio y le dijo a Luis Felipe… Así no fue como yo
pensaba que acabaría, yo se lo decía que dejara de fumar que eso era malo
que lo mataría y al final… el cigarrillo
lo mato.
